Digitalización de los procesos: ¿por qué ya no basta con digitalizar más?

La digitalización de los procesos ya está muy avanzada en las empresas europeas. Pero a medida que avanza, los retos cambian. En el marco del Barómetro Europeo de la Confianza Digital 2026, las respuestas de los 700 responsables de la toma de decisiones encuestados en Francia, Alemania, Italia y España ilustran esta evolución.

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La digitalización de los procesos ya está muy avanzada en las empresas europeas. La desmaterialización de documentos, la automatización de tareas, la gestión digital de transacciones o incluso la circulación de datos: muchos procesos que antes se realizaban manualmente se basan hoy en entornos digitales.

Pero a medida que avanza esta transformación, los retos también evolucionan. Digitalizar un nuevo proceso ya no basta necesariamente para mejorar su eficiencia de forma sostenible. Su seguridad, su integración con los sistemas existentes, la gobernanza de los datos o incluso su capacidad de evolución cobran igual de importancia.

Las respuestas de los 700 responsables de la toma de decisiones encuestados en Francia, Alemania, Italia y España en el marco del Barómetro Europeo de la Confianza Digital 2026 ilustran esta evolución. Si bien la digitalización avanza, su nivel y las prioridades que la acompañan siguen variando según los mercados.

Por lo tanto, la cuestión ya no es solo saber cuántos procesos ha digitalizado una empresa, sino qué le permite construir realmente esa digitalización. ¿Cómo pasar de una multiplicación de procesos digitales a una transformación más integrada, segura y controlada?

Una Europa digital, pero con diferentes trayectorias de madurez

La transformación de los procesos está muy avanzada en Europa, pero no avanza al mismo ritmo en todas partes. Las diferencias observadas entre los países muestran que las empresas se encuentran todavía en distintas fases de su proceso de digitalización.

Más concretamente, si nos centramos en el número medio de procesos digitalizados por empresa encuestada, Italia registra una media de 4,1 procesos digitalizados, seguida de España con 4 y de Francia con 3,9. Alemania se sitúa a la zaga, con una media de 3,1 procesos digitalizados.

Estas diferencias pueden reflejar distintos ritmos de transformación, entornos tecnológicos o prioridades propias en función de los mercados. Pero, sobre todo, invitan a matizar la forma en que se mide la digitalización de una empresa.

El número de procesos digitalizados constituye, en efecto, un primer indicador, pero no revela cómo interactúan dichos procesos entre sí, cómo se gestionan los datos ni si las transacciones digitales son seguras.

A medida que avanza la transformación digital, la cuestión de la madurez va cambiando progresivamente: ya no se trata únicamente de digitalizar más, sino de garantizar que los procesos ya digitalizados estén suficientemente integrados, sean seguros y estén bien controlados.

Digitalizar más no significa necesariamente tener mayor madurez

Como se ha mencionado anteriormente, el nivel de digitalización ofrece una primera indicación sobre el avance de la transformación digital, pero por sí solo no basta para medir la madurez de una empresa. Dos organizaciones que hayan digitalizado un número similar de procesos pueden, en la práctica, tener niveles de control muy diferentes.

Un proceso digital no funciona de forma aislada. Se basa en datos, herramientas y sistemas que deben poder interactuar de forma fiable. Por lo tanto, su madurez depende también de cómo se integra en el entorno existente, de la calidad de los datos que utiliza y de los mecanismos establecidos para garantizar su seguridad.

Esta evolución está llevando progresivamente a las empresas a pasar de una lógica de desmaterialización a una lógica de transformación más global. El objetivo ya no es únicamente sustituir las operaciones manuales por procesos digitales, sino construir un entorno en el que estos procesos puedan funcionar juntos de forma fluida y controlada.

La madurez digital depende, por tanto, menos de la cantidad de procesos digitalizados que de la capacidad para hacerlos realmente eficaces, interconectados, fiables y conformes a la normativa. En esta fase, la cuestión ya no es solo la de la implantación, sino también la de la calidad de los procesos digitales puestos en marcha.

La seguridad de las transacciones se convierte en una prioridad de la transformación digital

Cuanto más importante es el papel que desempeñan los procesos en los recorridos digitales, más fundamental resulta su seguridad. Una transacción digital debe poder garantizar la integridad de los intercambios, proteger los datos recopilados y/o utilizados y permitir verificar la identidad de las partes implicadas.

Este requisito cobra especial importancia cuando la digitalización afecta a procesos sensibles: formalización de contratos, validación de documentos, intercambio de datos u operaciones que comprometen directamente a la empresa y a sus clientes. En estas situaciones, la fluidez del recorrido no puede construirse en detrimento de la seguridad.

El reto consiste, por tanto, en integrar los mecanismos de confianza directamente en los procesos, en lugar de considerarlos como una capa adicional que se añade una vez realizada la digitalización. La identificación, la autenticación, la trazabilidad y la protección de datos contribuyen así plenamente a la calidad del recorrido digital.

La transformación de los procesos entra así en una nueva fase: tras haber buscado ganar en rapidez y eficacia gracias a la tecnología digital, las empresas deben ahora conciliar estos beneficios con un nivel de seguridad adaptado a sus usos y a la normativa europea. Una evolución que depende también de su capacidad para organizar mejor los datos y lograr que sus distintos sistemas se comuniquen entre sí.

Gobernanza de datos e interoperabilidad: los nuevos retos

La multiplicación de los procesos digitales pone de manifiesto otro reto: para las empresas es imprescindible velar por que estos no funcionen de forma aislada. Digitalizar las distintas etapas de un recorrido aporta poco valor, o incluso presenta riesgos, si las herramientas tienen dificultades para comunicarse entre sí o si los datos permanecen dispersos en varios sistemas.

La interoperabilidad se convierte, por tanto, en un elemento esencial para garantizar la continuidad entre los procesos. Permite que las distintas herramientas y servicios se comuniquen, facilita la circulación de la información y limita las interrupciones que podrían complicar los recorridos digitales.

Pero conectar más los sistemas también supone controlar mejor los datos que circulan por ellos. Su calidad, su accesibilidad, su protección y las normas que regulan su uso se convierten en componentes de pleno derecho de la transformación digital.

Por otra parte, estos retos no se perciben de la misma manera en toda Europa. La gobernanza de los datos ocupa un lugar más destacado entre las prioridades en Alemania, mientras que Italia concede mayor importancia a la interoperabilidad y la conectividad.

Por lo tanto, la transformación ya no consiste únicamente en digitalizar los procesos uno tras otro. Implica construir un entorno coherente en el que los sistemas, los datos y los servicios puedan funcionar conjuntamente. Una ambición que, sin embargo, sigue enfrentándose a varios obstáculos.

Presupuesto, sistemas heredados, normativa europea: ¿por qué sigue siendo compleja la transformación?

La digitalización de los procesos no depende únicamente de las tecnologías disponibles ni de la voluntad de las empresas de acelerar su transformación. Entre las ambiciones y su puesta en práctica, existen varios obstáculos que pueden ralentizar los proyectos.

El presupuesto supone un obstáculo común para los cuatro países, pero no es el único. Las empresas también deben lidiar con sistemas heredados que, en ocasiones, resultan difíciles de adaptar, así como con una complejidad y una inflación normativa que pueden lastrar determinados proyectos de transformación. Sin embargo, estas limitaciones no tienen la misma importancia en todos los países.

La dificultad radica, sobre todo, en que la digitalización o la transformación no siempre consiste en implementar una nueva solución en un entorno virgen. A menudo implica adaptar las infraestructuras existentes, conectar nuevos servicios a las herramientas ya implantadas y garantizar la continuidad de los procesos durante esta transición.

Por lo tanto, la transformación digital también depende de la capacidad de hacer evolucionar progresivamente un entorno existente, sin multiplicar las herramientas ni complicar aún más los procesos.

Se trata, por tanto, de un enfoque que invita a considerar la digitalización más allá de su mera dimensión tecnológica.

De la digitalización de los procesos a la confianza digital

Cuanto más importancia estratégica adquieren los procesos digitales en la actividad de las empresas, más central se vuelve la cuestión de la confianza. Los empleados, los clientes y los socios deben poder contar con interacciones fluidas, seguras y fiables.

La confianza se construye a varios niveles: en la protección de los datos intercambiados, en la identidad de las personas u organizaciones implicadas, en la seguridad de las transacciones, pero también en la capacidad de los distintos sistemas para funcionar juntos de manera coherente.

La confianza se convierte así en una condición para la transformación: permite a las empresas ampliar sus usos digitales sin perder seguridad, control ni fiabilidad.

¿Cuál es el siguiente paso para las empresas?

La digitalización de los procesos sigue siendo una palanca esencial para la transformación, pero la madurez digital va hoy más allá del número de procesos digitalizados. La seguridad, la gobernanza de los datos, la interoperabilidad y la integración se convierten en factores determinantes para que los entornos digitales evolucionen de forma sostenible. Para las empresas, la pregunta podría pasar, por tanto, de «¿cuántos procesos hemos digitalizado?» a «¿son nuestros procesos digitales lo suficientemente seguros, conectados y controlados como para acompañar de forma sostenible nuestra transformación?».

Esta evolución marca el paso de una lógica de digitalización a una lógica de madurez digital, en la que la eficacia y la confianza deben ser los componentes centrales.


Para conocer los niveles de digitalización, los principales obstáculos y las prioridades de transformación de las empresas en Francia, Alemania, Italia y España, consulta nuestro Barómetro de la confianza digital, edición 2026.

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