Confianza digital en Europa: ¿qué tendencias se vislumbran para 2026?

El Barómetro digital Namirial 2026, elaborado con Xerfi, se basa en una muestra de 700 responsables de la toma de decisiones en Francia, Alemania, Italia y España.

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La confianza digital se está imponiendo progresivamente como un factor clave en la transformación de las empresas europeas. Seguridad, cumplimiento normativo, soberanía de los datos, inteligencia artificial o incluso la lucha contra el fraude: hoy en día, las organizaciones deben conciliar la aceleración de los usos digitales con la gestión de los nuevos riesgos.

En su segunda edición, el Barómetro de la confianza digital, elaborado en colaboración con Xerfi, amplía su análisis a Europa. Realizado entre 700 responsables de la toma de decisiones de pymes y grandes empresas de Francia, Alemania, Italia y España, el estudio permite comparar, siguiendo una metodología común, las percepciones, las prácticas y las prioridades de cuatro grandes mercados europeos.

Esta comparación pone de manifiesto una conclusión: aunque algunos aspectos fundamentales de la confianza digital son ampliamente compartidos, las empresas europeas no avanzan al mismo ritmo y no tienen necesariamente las mismas prioridades.

¿Existe, pues, una visión europea común de la confianza digital, o las particularidades nacionales siguen marcando trayectorias distintas?

Se perfila una base común de confianza digital en Europa

De un país a otro, las empresas europeas no abordan necesariamente la confianza digital con las mismas prioridades. Sin embargo, se perfilan varios requisitos comunes, especialmente en torno a la normativa, la soberanía de los datos y la elección de socios tecnológicos.

El RGPD sigue siendo un punto de referencia fundamental. Lo mencionan el 89 % de los responsables de la toma de decisiones en Francia, el 87 % en Alemania, el 84 % en Italia y el 70 % en España. A pesar de las diferencias entre los mercados, la protección de datos sigue estando profundamente arraigada en la forma en que las empresas europeas construyen sus entornos digitales de confianza.

Esta atención prestada a los datos se extiende a la elección de las soluciones tecnológicas. Entre el 58 % y el 67 % de los responsables de la toma de decisiones consideran que el origen europeo de sus proveedores es un criterio prioritario, con una importancia especialmente marcada en Italia y Francia. La ubicación y el entorno en el que se tratan los datos se convierten así en elementos de pleno derecho de la relación de confianza.

La protección y la soberanía de los datos figuran, además, entre las principales ventajas asociadas a las soluciones europeas en los cuatro mercados.

Por lo tanto, parece consolidarse una base común a escala europea: proteger los datos, evolucionar en un marco normativo de confianza y controlar mejor el entorno tecnológico.

Pero compartir los mismos fundamentos no significa avanzar al mismo ritmo. Es precisamente en su aplicación donde las diferencias entre los cuatro mercados se hacen más evidentes.

Una misma ambición, pero cuatro niveles de madurez

Compartir ciertos principios fundamentales no significa, sin embargo, que la transformación digital avance de manera uniforme en Europa. Los niveles de digitalización, en particular de los procesos, reflejan ritmos de transformación propios de cada país.

Francia, Italia y España se sitúan en niveles relativamente similares, con una media de 3,9 procesos digitalizados por empresa en Francia, 4,1 en Italia y 4 en España. Alemania destaca con una media más baja, de 3,1 procesos digitalizados.

Pero la madurez digital no se mide únicamente por el número de procesos ya digitalizados. Las prioridades están cambiando: ya no se trata solo de digitalizar al máximo, sino también de garantizar la seguridad de las transacciones, gestionar mejor los datos y conectar de la mejor manera posible los sistemas existentes para evitar los «puntos ciegos».

Los obstáculos encontrados también pueden ralentizar esta transformación. Si bien el presupuesto constituye una dificultad común, los sistemas heredados o la complejidad normativa no tienen el mismo peso de un país a otro.

Por lo tanto, la transformación digital avanza a diferentes ritmos en Europa. Estas diferencias de madurez también influyen en la forma en que las empresas definen lo que, para ellas, es un entorno digital de confianza.

La confianza digital no significa lo mismo en todos los países

Más allá de su nivel de madurez, el propio concepto de confianza digital varía según los países, en función de las preocupaciones y prioridades de las empresas.

En Francia, sigue estando estrechamente vinculada al cumplimiento normativo y a la protección de datos. En Italia, la dimensión relacional cobra mayor importancia, con la confianza del cliente y la reputación en primer plano. En Alemania, las cuestiones relacionadas con los datos ocupan un lugar más determinante.

España presenta un enfoque más transversal, en el que se entrecruzan la relación con el cliente, el cumplimiento normativo y la transparencia. También destaca por una visión más estratégica a largo plazo, en la que la confianza digital se considera una palanca de crecimiento y competitividad, más allá de los meros requisitos de cumplimiento normativo.

Estas diferencias tienen consecuencias muy concretas. Dependiendo de lo que entiendan por «confianza», las empresas no buscarán necesariamente reforzar las mismas capacidades ni orientar sus inversiones de la misma manera.

Por lo tanto, parece coexistir una base europea con varias visiones nacionales de la confianza digital. Una diversidad que se observa especialmente cuando entra en juego una nueva tecnología como la inteligencia artificial.

IA: la adopción no basta para generar confianza

La inteligencia artificial constituye un buen indicador de estos diferentes enfoques. Un mayor uso de la IA no implica necesariamente una mayor disposición a confiar en ella, sobre todo cuando interviene en procesos críticos.

Francia y España registran los niveles más altos de uso de la IA, en torno al 68-70 %, por delante de Alemania e Italia, con un 54-55 %. Sin embargo, la jerarquía se invierte cuando se trata de fiabilidad: el 42 % de los responsables franceses considera que la IA es fiable para procesos críticos, frente al 47 % en España, el 49 % en Italia y el 52 % en Alemania.

Las preocupaciones tampoco son las mismas. En Francia, predomina la confidencialidad de los datos. En Alemania e Italia, preocupa más la dependencia de proveedores no europeos, mientras que en España la pérdida de control humano ocupa un lugar más importante.

Por lo tanto, la cuestión ya no es solo saber si las empresas europeas van a adoptar la IA, sino en qué condiciones estarán dispuestas a confiar en ella. Fiabilidad, control de los datos, autonomía tecnológica o control humano: las expectativas difieren, pero todas ellas reflejan una misma necesidad de regular su integración.

La IA se convierte así en un indicador de las diferentes concepciones europeas de la confianza digital: la adopción puede avanzar rápidamente, sin que la confianza evolucione al mismo ritmo.

Fraude, regulación y soberanía: retos europeos, percepciones diferentes

Más allá de las nuevas tecnologías, la confianza digital depende también de la capacidad de las empresas para hacer frente a las amenazas, proteger sus datos y mantener el control de su entorno digital. En estos temas surgen preocupaciones comunes, a pesar de que las percepciones del riesgo son a veces muy contrastadas.

El fraude es un ejemplo especialmente claro. El 72 % de los responsables de la toma de decisiones italianos, el 64 % de los franceses y el 59 % de los españoles afirman haber observado un aumento de los intentos de fraude en los últimos doce meses, frente a solo el 36 % en Alemania. También es importante destacar que el phishing y la suplantación de identidad figuran entre las principales amenazas en los cuatro países.

Al mismo tiempo, las empresas deben lidiar con un marco normativo exigente y especialmente cambiante, así como con una creciente preocupación en torno al control de los datos. La soberanía digital encaja directamente en esta reflexión: el origen de los proveedores, la ubicación de los datos o incluso las garantías que ofrecen las soluciones europeas se convierten en criterios a tener en cuenta a la hora de tomar decisiones tecnológicas.

La seguridad, el cumplimiento normativo y la soberanía están, por tanto, cada vez más estrechamente vinculados. Proteger una interacción digital ya no consiste únicamente en prevenir el fraude o cumplir con una obligación normativa, sino también en cuestionarse qué actores, infraestructuras y tecnologías elige la empresa para depositar su confianza.

Estos retos son europeos, pero su intensidad y las respuestas que se les dan siguen siendo propias de cada mercado. Una diversidad que también se refleja en las estrategias que las empresas están empezando a trazar para los próximos años.

¿Hacia una confianza digital más estratégica de aquí a 2028?

Estos contrastes se reflejan en la forma en que las empresas contemplan el futuro. De cara a 2028, no todas otorgan aún el mismo papel a la confianza digital en su estrategia.

En Francia, Alemania e Italia, sigue estando asociada principalmente al cumplimiento normativo. España destaca más: el 60 % de los responsables de la toma de decisiones asocian allí la confianza digital al crecimiento y a la ventaja competitiva, frente al 38 % que la asocia al cumplimiento normativo.

Las inversiones previstas también reflejan prioridades diferentes. La seguridad de las transacciones destaca en Francia, la gobernanza de los datos en Alemania, la interoperabilidad y la conectividad en Italia, mientras que España concede mayor importancia a la IA y a la automatización.

Estas orientaciones plantean una cuestión más amplia para los próximos años: ¿seguirá siendo la confianza digital, ante todo, una respuesta a las exigencias de seguridad y cumplimiento normativo, o se convertirá progresivamente en un motor de transformación, competitividad y crecimiento?

En este momento, Europa no parece encaminarse hacia una respuesta única. Más bien, los cuatro mercados trazan varias trayectorias hacia un mismo objetivo: crear entornos digitales que sean a la vez fiables, seguros y capaces de impulsar la innovación.

Confianza digital en Europa: lo que hay que recordar

En Europa se está perfilando una dinámica común, pero la confianza digital aún no sigue una trayectoria única. Los países analizados comparten ciertos requisitos en materia de protección de datos, regulación y soberanía, aunque presentan diferentes niveles de madurez y prioridades.

Digitalización de los procesos, inteligencia artificial, fraude, gobernanza de los datos o decisiones tecnológicas: cada mercado establece su propio equilibrio entre transformación, gestión de riesgos y confianza.

Esta diversidad no impide que surja una ambición común. A medida que evolucionan los usos digitales, la confianza se convierte en una condición esencial para que las empresas europeas puedan seguir transformándose, proteger sus interacciones y adoptar nuevas tecnologías.

Para profundizar y conocer todos los datos, las comparaciones entre Francia, Alemania, Italia y España, así como las perspectivas de cara a 2028, consulta el estudio completo.

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